jueves, febrero 17, 2011

¿Qué pensará un mariachi cuando...

El domingo pasado, de regreso a casa, pasé por un altar a la Santa Muerte.

Hace un par de años (más o menos) que está ahí, empotrado en una casa. Es, básicamente, un nicho con iluminación y protegido por un cristal y unos barrotes. Como muchos otros altares guarda una imagen de la Niña Blanca, una de las devociones "marginales"-por llamarle de algún modo- que h proliferado por todo el país en los últimos años.



El caso es que el domingo, la niña de esa casa tenía serenata. Un pequeño grupo de mariachis y algunas personas más se reunieron esa noche a cantarle a la imagen y hacerle un tipo de misa o grupo de oración pues, según un cartel en esa casa, cada día 13 se hace esa reunión.
Tras ver esa escena no dejo de preguntarme ¿Qué pensará un mariachi cuando le piden que le cante a una imagen de la muerte?

Hasta hace unos años, pensar en la muerte, y en ese tipo de imagen de la muerte escandalizaba a más de uno. La imagen de un esqueleto cubierto con una túnica, mirando de frente, sosteniendo con sus manos descarnadas una hoz o guadaña y un orbe atemorizaba a cualquiera. A pesar de que en México tiene una importante tradición de Día de Muertos, pensar en una imagen de la muerte, muy distinta a la jocosidad de las calaveras de azúcar, no dejaba de ser inquietante.
Se miraba con recelo y mucha desconfianza a todo aquél que portara una imagen de la muerte. La iglesia Católica y los medios de comunicación se encargaron de difundir la mala reputación de los seguidores de la santa: malandrines, drogadictos, rateros, secuestradores, satánicos y a veces hasta herejes y dementes.*
Pero algo cambió hace unos años. Se corrió la voz de que la Santa Muerte cumplía los milagros, que sí resolvía lo que otros santos no podían. Se convirtió en un medio de ayuda, de salvación... y sus devoción creció.

No deja de ser una creencia que provoca recelos, pero ya no es ajena a la sociedad. Está en todos lados, se le ve en collares, medallas, pulseras, altares, ...la Santa Muerte comienza a ser una figura familiar en el entorno urbano.


Y, ahora, cada Día de Muertos, se le venera, en medio de un ambiente que juega con lo lújubre, lo festivo y lo sagrado.
A veces, depende del milagro o de la manda, se le hace fiesta otros días.
Incluso se le organizan verdaderas pachangas: Mole, arroz, luces, globos, refrescos, papas, música y, claro, los mariachis.


No dejo de preguntarme qué pensará un mariachi cuando lo mandan a un altar.

Tal vez sean pocos los mariachis que aún se sientan intimidados por cantarle a la Blanca, otros, seguramente serán devotos y lo harán con el mismo amor y fervor con que le cantan a la Morenita; conforme a las tendencias religiosas actuales, no faltarán los mariachis evangélicos o cristianos que se negarán a semejante servicio y, finalmente, estarán aquellos músicos que, abrumados por la cuestión económica se mantendrán la firme filosofía:

Mientras me paguen, no importa a quién le cante.


* Bueno, la reputación del señor Romo, autoproclamado líder de la iglesia de la Santa Muerte, arrestado hace unas semanas por secuestro y crimen organizado, no ayuda mucho a eliminar esa mala imagen de los seguidores de la Santa Muerte. No faltará quien, juzgando a los líderes, pretendal juzgar a todos los seguidores de una religión...pero de eso hablaré en otro momento.

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