sábado, enero 02, 2010

De los acosadores

Siempre he tenido una maravillosa habilidad para deshacerme de los pretendejos no deseados (a los que si son deseados también los ahuyento, pero esa es otra historia). Con algunos basta una mirada fría y marcar distancia o bien hablarles constantemente de mi novio, para que entiendan que no me interesan...pero con otros es más complicado.

Por ejemplo, durante el servicio social, uno de los sujetos con los que trabajaba comenzó a decirme cosas como "Qué linda sonrisa" "Qué bonita" "Eres preciosa". Hasta ahí no había mucho problema, sólo sonreía y seguía con mi trabajo, el problema vino cuando casualmente nos encontrábamos en la oficina. Imagínen la escena: Domingo por la tarde, en la oficina sólo estan los chicos de servicio que iban a firmar sus hojas, entre ellos yo, pero tenía la mala fortuna de quedarme hasta el último porque tenía que recoger el taller... y aparte encontrarme con ese sujeto, quien casualmente me esperaba para irnos juntos al metro.

El descaro de ese sujeto llegó al punto de intentar besarme acorralándome en un asiento. Si no lo golpée fue por impotencia y sorpresa. Afortunadamente había llegado a la estación en donde me bajaba, así que me salí furiosa, lo dejé ahí. Desde entonces evité ir al servicio los domingos, día en el que él iba, y le conté a un amigo porqué ya no trabajaría con él.

Otro de los acosadores, y este mucho más insistente al grado de que aún me inquietan algunos correos que me llegan del tipo "Mira quien te ha bloqueado en el Messenger" es un sujeto que conocí en la facultad. Este tipo es de los alumnos "Cometa" porque se aparecen y desaparecen cada cierto tiempo. Lo conocimos en primer semestre, cuando agobiaba con sus insstentes pláticas conquistadoras a una de mis amigas. Resulta que el sujeto, como muchos estudiantes de la UNAM, tomaba el metro para regresar a casa por las tardes, al igual que la bandita, así que los esperaba al final de clases para regresarse con ellos...y platicar con ella horas y horas.

Repentinamente ella cambió de carrera y la dejamos de ver, pero él se quedó unos meses más, hasta que finalmente desapareció.
Semestres después nos lo encontrábamos de nuevo, y otra vez desaparecía. Así sucedió hasta que en una de mis semestres finales, los que ya eran un poco más "especializados" me lo encontré de nuevo. En esa clase éramos sólo 8 alumnos, a fuerza nos teníamos que hablar entre nosotros.

Pero el verdadero problema surgió meses después, cuando lo encontré en un centro budista en donde se celebraría una Puja. Desde ese día comenzó a preguntarme más cosas sobre el budismo o invitarme a ir a otro tipo de eventos budistas. Incluso acepté ir con él un día a un centro budista, así que le dí mi número, pero por alguna razón nunca nos pusimos de acuerdo; sin embargo cada que me lo encontraba era lo mismo: más preguntas sobre el estudio de las religiones, sobre mi tesis, varias religiones, en fin, cuestiones muy académicas. Es más, el día que platicamos más a fondo sobre esas cuestiones, fue un día que lo encontré en un pasillo después de dejar a Tork en una clase, casi estoy segura de que nos vio despidíendonos ("Entra a clase...no, espérate... se me va hacer tarde...si pero quédate" y linduras de ese tipo) y aún así me invitó a tomar un café en la facultad.

Nuevamente pasaron meses para encontrarlo de nuevo. Para entonces yo ya estaba por terminar mi tesis y él hacía el servicio social en un centro cultural en el que una amiga y yo asistíamos a unas conferencias. Y ahí comenzó el asedio. Inevitablemente nos encontrábamos, así que siempre me buscaba, intentaba hacerme la plática e insistía con sus invitaciones al grado de preocuparme,pero también les falló en el servicio y desapareció. Al año siguiente otra vez regresó a esas conferencias, y fue cuando la cosa se puso mucho más fea.

Cada miércoles por la tarde llegábamos a la sala; si él ya estaba ahí tomábamos asiento lo más lejos posible, pues para entonces mi amiga ya había notado mucha insistencia de parte de él y resistencia de la mía. Lo peor era cuando él llegaba a la sala y nosostras ya estábamos instaladas: En el transcurso de la conferencia, él se iba sentando cada vez más y más cerca de nosotras, casi siempre justo detrás una o dos filas. Al final de cada sesión era el momento de salir corriendo para evitarlo, o bien de...evitarlo.

Para entonces sabía que no era sólo paranoia mía,si acaso compartida con mi amiga, así que en algunas ocasiones le pedimos a un amigo o a Tork que nos acompañaran para que el sujeto nos viera con alguien más, y funcionó a medias, pues en el messenger seguía insistiendo con sus invitaciones a tomar un café, las cuales terminaron en un bloqueo de su cuenta.

Como era su costumbre, desapareció, y regresó unos meses después, pero para esos días Tork ya estaba en el servicio social, así que siempre estaba con él. Pero el sujeto en cuestión aún intentaba acercarse a mí, incluso llegaba a entrometerse en nuestras pláticas nada más para saludarme...Nuevamente sus apariciones fueron esporádicas, y en cada ocasión yo buscaba refugiarme en brazos de Tork para dejarle claro que NO me interesaba; es más, un día estuve a punto de abazar y presentar a mi suegro...pero el sujeto finalmente pasó de largo. ¡Ufff!

Pensé que me habría librado de ese molesto bicho, pero no. Después de un tiempo me enteré que él se había quedado, por más de dos años, con una constancia mía y, dicen, que fue todo un relajo que la regresara.
Salvo por el mensaje del bloqueo del messenger (cosa que me inquietó mucho) , no he sabido nada de él,sé que algunos días va a la facultad, pero me he podido esconder muy bien.

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