lunes, junio 01, 2009

Viajando

Me gusta viajar.

Me gusta conocer lugares, paisajes, sabores, olores. Me gusta buscar mi ciudad perfecta o mi perfecto sitio de escape; me encanta perder la mirada en el horizonte, mirar el cielo nocturno y descubrir que aún hay cielos estrellados lejos de la ciudad en que vivo.
Entre mis sitios favoritos están los dos pueblos mineros que me han robado cientos de suspiros: Real del Monte y Taxco de Alarcón.
En Real la comida me ha cautivado: los pastes. Son como empanadas, pero su masa es más dúctil que el hojaldre;los tradicionales, los que usaban los mineros antes de buscar la entrada al Hades eran de carne molida con papa -al menos eso me han contado desde hace años-, los de ahora incluyen la manzana, arroz con leche, salchicha, arroz, mole... más los sabores que se acumulen.
Ahí las calles suben y bajan, se enredan, y conservan ese aire de tranquilidad, de calma. Parece que el tiempo se ha detenido en las techumbres de dos aguas de las casas, pero todo eso es reciente, es nuevo, pues hace unos años, cuando Real se convirtió en Pueblo Mágico fue gracias a esa homologación estética de los edificios.
El clima es como las mujeres, harto caprichoso y cambiante. En un momento pasa del idílico día soleado con cielo azul, al siguiente una fresca llovizna pasa, moja un poco, enfría y se va. La neblina también es parte de ese lugar, aunque a veces le gusta dar un toque dramático cuando uno visita el panteón local -en donde parte de mis ancestros se quedaron esperando una resurrección- o bien el panteón inglés, en donde las más curiosas historias de pioneros mineros se haen presentes.

La plata en el Real aún se encuentra buen precio; parece que algunas de las minas siguen activas, otras más ofrecen paseos turísticos, es la manera de conocer lo que se cose en las entrañas de la tierra. Sin embargo, la plata que es tal vez más famosa es la de Taxco de Alarcón.

En esa ciudad se ha quedado parte de mi corazón. Recorrer las calles, al atardecer, tomada de la mano de mi pareja definitivamnete me marcó.
Cuando cae la noche, la ciudad de Taxco se ilumina, Santa Prisca se deja ver majestuosa, altiva como José de la Borda; Santa Prisca es el ejemplo del Barroco, de ese que a veces lastima la vista con tantos adornos, tantos elementos, tanto por ver y descifrar.
De día también es hermosa, la cantera rosa se eleva hacia el cielo azul y por dentro el dorado se impone en los retablos; tanta magnificencia deja pensando en el poder de la devoción, el cual es evidente en Semana Santa, cuando los encruzados y flajelantes llegan a lastimarse, a torturarse para satisfacer esa necesidad de creer en una Suprema Verdad. Tanta es su devoción, que se han erigido tres monumentos dedicados a los flagelantes.
Aunque la minería, en últimas fechas, se ha comenzado a perder. La huelga de la mina ha puesto en jaque a la economía local, por lo que uno puede encontrar buenos precios en los trabajos de plata. Las callejuelas empredradas son los enemigos naturales de los tacones; ellas suben, bajan, giran, pero deben ser caminadas, aunque son calles mucho más caóticas que en otros lados.


El último viaje me ha enviado a una ciudad más al norte del país.. Creo que es lo más norte que he llegado, aunque paradójicamente es el mero centro: Aguascalientes.

La ciudad me gustó, estéticamente hablando es hermosa. La cantera rosa de algunos edificios le da un toque romántico, casi idílico.Es una ciudad tranquila -tal vez demasiado para quien está acostumbrada a recorrer distancias en términos de tiempo- y la gente es amable, aunque se vislumbra algo más. A veces parece una de esas ciudades perfectas de televisión, en donde se conserva ese sabor provinciano, de campo y tradición pero con deseos de integrar la modernidad.
La comida, debo admitir que fue deliciosa, especialmente en el último lugar al que nos llevo Tazy, ¡ah! Pues creo que olvidé decirles que ella nos recibió con el Tazy Tour, incluyendo visita a uno de los merenderos y, por supuesto, al Jardín San Marcos.
Las fotos de Aguascalientes, se las debo.

2 comentarios:

Elizabeth dijo...

Yo me sueño con ir a México y comerme una verdadera fajita mexicana, creo que las de aquí son imitación mediocre.
Un saludo nena y gracias por pasar por mi blog.

TORK dijo...

Real del Monte:
Me gusta pasar el tiempo ahí. Es un lugar lindo, aunque no me causa nostalgia ni nada parecido.

Taxco:
Ay Taxco de mis amores. Volveré cada vez que pueda (pastaaaaaaaa)

Aguascalientes:
Quizá un buen lugar para vivir.