lunes, marzo 30, 2009

Porque somos y somos marineeros

El sábado fue uno de esos días raros en los que comienzas recibiendo un mensaje de texto en la madrugada y terminas caminando por Salto del Agua cantando "porquè somos y somos y somos marineeeros" mientras miras a los Judas pasar.

Bah. La verdad que ni me emborraché tanto, sólo un tarrito de cerveza, y creo que el café en ayunas me pone más loca.De cualquier manera no necesito alcohol para ponerme alegre o irreverente.Ese es mi estado natural la mayoría de las veces, menos cuando tengo calor, sed o hambre, porque ahí si me pongo gruñona y miro a todos feo.

Como les decía, el sábado salimos a festejar el cumpleaños de mi sister (todos digan: hola sister), así que nos reunimos en el Café La habana. Es un cafecito de harta tradición, es un café muy rico, y ya hasta lo ha avalado el señor patito, pero ese será otro post.
El caso es que para llegar al Café teníamos que pasar por metro, en la línea verde olivo. A mitad del camino Tork me envió un mensaje recordándome la fecha: 28 del mes. No, no ese tipo de veintiocho, sino el día veintiocho, día que muchos fieles y temerosos de los dioses usan para llevar de paseo a sus Juditas al templo usurpado.
Se trata del templo de San Hipólito, el cual ahora es un templo hundido (suponemos que por la cantidad de gente que asiste) y que tiene en los portales del viejo manicomio varios locales, entre ellos un cibercafé y el Hostal del Bohemio (otro café que merecerá una reseña aparte...okoko, anotada una Guía de Cafés, by La cofradía).
Bueno, ya me desvié.El punto es que en mi trayecto por el metro me tocó ver toda la gente asistiendo con sus Judas, algunos tan hornamentados con escapularios, dijes, cintas, collares, morrales... Y los había de todos los tamaños, ahora sí que la industria de los Judas es como El aventurero:
Altos,chaparritos, gorditos, flacos, grandotes, chiquititos...


Y Tork me decía que en algún momento, en su carrera como pintor, le tocó un Judas como este:

No, no el niño con cara de fastidio, la figura de atrás, entre el tubo y la puerta. El barbón con manta y cinta verde. ¿Los judas de ese tamaño pagarán boleto aún sentado en las piernas?

Al final de la velada, tras salir de uno de esos barecitos underground del centro, aún se veía gente circulando hacia San Hipólito.
Mientras nosotros bailábamos y cantábamos en la calle disfrutando del fresco de la noche, aún a esas horas las personas paseaban con sus santos.

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