martes, marzo 17, 2009

Aaaahhhhh

Me duele mucho mucho mucho mi hermoso cuuuuueeello.
La razón: La montaña infinitum de La Feria de Chapultepec.

Aprovechando que el lunes era día festivo obligatorio (supongo que fue a cuenta del 18 o 21 de marzo), pues Tork y yo nos lanzamos a dar un tiernísimo y tradicional paseo a uno de los lugares de mi infancia: La segunda sección del bosque de Chapultepec (en fin, casi toda mi infancia la pasé entre esta y las otras dos secciones del bosque).

La primera parada fue una ensaladota de verduras que venden a las afueras del restaurante El Lago. Desde que tego memoria ese puesto de frutas ha estado ahí, aunque comenzó por un carrito, luego fue una camioneta con unos toldos hasta convertirse en un local ya construido en concreto, con ventanitas, con sección para ensaladas y otra para los jugos. La fruta siempre estña fresca y deliciosa, por esta razón ya se hicieron de una clientela fiel compuesta por paseantes y corredores, entre los que destacan: El señor patito.

Una vez que los tres nos deshicimos de la ensalada a la orilla del verde y encantador lago, nos encaminamos hacia la ancestralmente conocida Feria de Chapultepec, uno de los primeros juegos de diversiones del DF.

Entre mis recuerdos de infancia están las visitas a ese parque, pero en ese entonces había una sección infantil de juegos mecánicos.Actualmente en esa zona se levanta Chapultepec Mágico y la zona de maquetas de todo el mundo cuyo nombre no recuerdo.
Cuando era pequeña me gustaba subir a todos esos juegos, aunque me daba pavor subir a la rueda de la fortuna sola, así que alguno de mis padres siempre me acompañaba. Cuando mi hermanito tuvo edad para subir a esos juegos él se convirtió en la mejor compañía, aunque no siempre tuvo estómago para los juegos más "audaces".
En fin, desde que mi estatura me lo permitió he gustado de la adrenalina en los juegos mecánicos rápidos, veloces, altos y uno que otro de los que giran una, y otra, y otra vez. Montañas rusas, roaller y demás tipos de atracciones...pero, por extrañas cuestiones del destino, nunca me había enfrentado con el Ratón loco: un juego de poca altura que mezcla las vertiginosas caídas con los giros alocados sobre su eje de un carrito cuádruple. Aarrrrg mi estómago se quedó en una de las primeras curvas, y mi cabeza giró varios minutos después. (Aún así subiría de nuevo, claro, snin haber probado alimento antes).
Lo peor del asunto fue que para ese momento mi cuello había sufrido en la Montaña Infinitum, una de las pocas montañas de acero que tiene tres giros de 360º grados en vertical. Debido a la velocidad y fuerza que se ejerce sobre el cuerpo lo mejor es ponerse "flijto y cooperando"... bueno, ya no tengo que explicar que ésto lo aprendí de la peor manera.




1 comentario:

Juan de Lobos dijo...

Yo me mareo peor que marinero sobrio en la banqueta. Aunque me gusta el adrenalinazo, procuro hacerlo en ayunas.

Aullidos para ti.