sábado, febrero 28, 2009

Cenizas

El miércoles de esta semana tuve la clara y firme intención de ir al museo de San Ildefonso para ser partícipe de las maravillosas, únicas y exclusivas experiencias mágico-milagrosas de las Reliquias del Tibet.
Si mi memoria no me miente, fue hace dos años cuando tales reliquias milenarias de varios Budas fueron presentadas por primera vez en nuestro país gracias al trabajo de Casa Tibet.
En aquella ocasión la espera para entrar fue más o menos de una hora -tal vez un poco más- y durante la espera proyectaban un video sobre el Proyecto Maitreya, un magno proyecto para colocar las reliquias de varios maestros budistas en una gran estatua de Buda.
Parte de dichas reliquias consisten en huesos, dientes o pequeñas perlas dejadas en la cremación de los maestros iluminados. A decir de la propia Casa Tibet, esas reliquias fueron deliberadamente dejadas por los maestros como muestra de su iluminación.

El miércoles pasado, mientras esperaba en la fila previa a los patios del Antiguo Colegio, pensaba en el recinto, en cómo habría sido estudiar ahí la preparatoria...No podía imaginar a los chicos de la Nacional Preparatoria caminando por aquellos pasillos, haciendo vida de estudiantes cuando la gran parte de la población aún era analfabeta, y ellos tenían la oportunidad de adquirir el grado de bachiller;
Mis pensamientos fueron interrumpidos cuando noté que algunas de las señoras a mi alrededor llevaban una extraña marca en la frente: la mayoría llevaba un manchón de ceniza, algunas más tenían perfectamente dibujada una cruz. Fue cuando recordé que era Miécoles de ceniza, fin del Carnaval... y ese día desayuné sopes con chorizo y papas en la H.FFyL.
Lo de la comida fue lo de menos, es más, mi desayuno fue sólo una curiosidad. Lo que me resultó más interesante fue el hecho de que varias de esas damas estaban realmente emocionadas con entrar a la exposición. No cabe duda de que el creyente popular no se mortifica por ir contra algunos dogmas, es fácil hacer cualquier tipo de mezcolanzas

  • Vale la pena
  • Es que la Fulanita me dijo que esperó dos horas, pero que es preciosa.
  • No me importa que sean dos horas.
  • Es que es maravilloso poder ver las reliquias.

Tras esperar durante una hora, al fin pude pasar a los patios del Colegio. Ahí estaban dispuestos algunas urnas para los donativos y algunos recuerdos de la visita: desde los budas miniaturas de $200 -la verdad no recuerdo muy bien los precios- hasta las bolsitas de agua bendecida a cambio de algún donativo gratuito, pasando por los carteles de $300 del proyecto Maitreya.
En el pasillo del primer piso continuaba la fila, pero en esta ocasión era una fila de "cuatro en fondo", es decir, que se hacían cuatro filas que ocupaban todo lo ancho del pasillo para convertirse nuevamente en una sola al entrar a la sala.
Hasta ahí llegó mi paciencia. Además tenía mucha hambre y, a pesar de que iba acompañada del Señor Patito y mi "Tratado de la Historia de las Religiones", decidí dejarlo por la paz.
Buda y yo tal vez nos volvamos a encontrar en algún recinto menos sagrado.

2 comentarios:

DorisFM dijo...

Hola, Sidurti. Sí, te agregué para preguntarte si viste que dejé información en el blog de Tazy, sobre el encuentro de estudios de religión por el que preguntabas.

DorisFM dijo...

El mensaje era éste: Quienes están a cargo del encuentro son Genaro Zalpa (gzalpa@correo.uaa.mx) y María Eugenia Patiño (mepatino@correo.uaa.mx); ellos tendrán más información, mientras tanto, tengo entendido que ya hay convocatoria para ponencias y demás. Saludines.