lunes, diciembre 22, 2008

Sidurti Historiadora

En lo que termino una entrada de cómo las películas románticas malcriaron nuestra mente, les contaré un poquito (nomás tantio) sobre cierto día muy muy especial para mi:
El día que -dicen- me convertí en historiadora.

Debido a cuestiones administrativas, aún no tengo mi título en mis manos, razón por la que mi primer trabajo remunerado fue en un ámbito completamnete diferente. Eso si, ya comprobé la existencia física de mi título; me sentí como madre primeriza a la que le retienen el bebé en el hospital por ser prematuro: lo vi, tiene todo completito, lo toqué, tiene -literalmente- mi carita, pero lo retuvieron.

Puede ser que por esta razón aún no me percibo a mí misma como una licenciada, es más, incluso el título aún me parece un sarcasmo.







En fin, a mediados de año pasé por ese rito de paso llamado "Examen profesional". Pasaron un par de años desde que terminé mis créditos -quien me manda a terminar todo en tiempo reglamentario- y me dediqué por completo a mi trabajo sobre el milagro de San Jenaro (sí, así, con J).
Después de tanto llorar, sufrir y queres cambiar, mi trabajo estuvo listo para presentarlo al jurado calificador...y tras pasar aquella prueba de fuego, ya todo estaba listo para que me dieran la fecha definitiva del examen.

Con las tesis listas, selladas y firmadas, el vestido elegido desde meses atrás (curioso, siempre fui de las que se ilusionan con la fiesta de graduación y el examen...por eso en cuanto vi el vestido supe que era ESE, así, amor a primera vista), incluso meses antes de tener lista una versión para el sínodo, pues yo estaba segura de que, ahora si, este año me titulaba.

El día anterior al exámen aún dudaba si poner o no una presentación en PP para mi tesis. Unas semanas atrás asistí a un par de exámenes de compañeros de generación y sabía más o menos cómo iba a ser ese matadero...pero mi asesora me recomendó que hiciera una simple explicación de mi trabajo, sin presentaciones o algo así.
Sin embargo, a ultima hora decidí pedir, tras una breve intervención de mi sister, un videoproyector. A partir de ese momento sólo quedaban unas horas para hacer tooda la presentación... Ahí fue cuando sentí, enserio, los nervios:
La panza agitada, tensión en los hombros, sudoración en manos, tronarme los dedos, morderme el labio, respiración rápida...No podía creer que estuviera haciendo mi presentación (casi toda basada en puras fotografías) a unas horas del día más importante de mi vida.
Afortunadamente tenía un guión de mi presentación, una breve idea de cómo guiaría la plática, así que intenté unir ambas cosas...cosa que valió un pepino, pues a la mera hora olvidé casi todo.

Cuando finalmente llegó el temido día D, me levanté un poco tarde, bueno, lo de costumbre; desayuné como de costumbre: en la sala, viendo la tv.; me bañé y me vestí con un pants o algo así...y comencé el ritual de belleza.
Maquillaje, harto desodorante, perfumito especial, unas arracadas que pasaron casi medio año guardadas esperando el momento, reloj, anillo y, por último, pedir prestada la secadora para peinarme. En ese momento pasó algo raro: mi madre entró a mi cuarto para ver si necesitaba ayuda, pero yo tenía todo bajo control, me miró unos minutos con una sonrisa de complacencia, y se fue.
Tras unas complicaciones con las pantimedias -malditos intrumentos de toruta... pero necesarios- me puse el vestido y el abrigo. Me veía hermosa...demasiado, fue cuando dudé de la persona que me veía desde el espejo.

En fin, alrededor de las once, la familia feliz salió hacia la H. FAcultad, cargando computadora, discos, ejemplares de la tesis y algunas de las versiones y, por supuesto, al señor patito.
Al llegar, la facultad lucía diferente...bueno, habrá sido por ser el penúltimo día de actividades. Al entrar me encontré con mi asesora y su mejor amiga, ambas parte del sínodo. Tras las debidas presentaciones, la doctora me dijo que nos veíamos en un rato. Así que simplemente pasamos derechito y sin escalas al salón; ahí ya estaban mi novio y mi suegra, una de mis tías con todo e hija y nieta...
Poco a poco llegaron más de los selectos invitados, entre ellos algunas amigas que no veía desde hacía años.
A partir de ese momento, los nervios jugueteaban en mi estómago -también infuyó que finalmente los consuegros se conocieron- pero, afortunadamente, también se mezclaba la alegría de concluir ese momento de mi vida.
Cuando llegó el último sinodal y la papelería, sólo me restó pasar al frente, dar las últimas indicaciones a mi coach y respirar profundo. La presidenta del jurado dió inicio a la ceremonia y me dió pie para mi presentación.
A partir de ese momento no recuerdo nada claramente. Me levanté , platiqué un poco, hablé y hablé de lo que hice en mi trabajo, del milagro, del culto, de los santos, la religión popular y cómo es un fenómeno asombroso...recuerdo también que no sabía cómo rematar mi presentación y que no dije ningún chiste.
Después vino la ronda de preguntas y respuestas, incluyendo un alagador comentario del profe -reverencia bien merecida- y fue mi asesora quien más me hizo sudar, pues para entonces ya estaba sentadita al frente, sin nadie a mi lado y con muchas miradas sobre mi. El jurado deliberó, y al salir recuerdo que nadie se me acercó...me sentí como apestada, pues por más que miraba si alguien podía evitar que cayera al desmayarme...todos se hacían a un lado. Una vez fuera y con la puerta cerrada, pude respirar tranquilita y platicar con algunos amigos. Si, ya estaba más relajada, y el mayo susto había pasado...Me dijeron que lo hice bien, que en algunos momentos baja la voz, pero que lo hice muy bien. No sé, yo no estaba ahí.

Al entrar, dieron lectura del acta, y, como todo mundo esperaba:me aprobaron en mi examen, así que rendí protesta y los profesores me dieron la bienvenida al gremio, un abrazo y comenzó la ronda de fotos.
Creo que el mejor momento fue cuando esas personas del sínodo, todos ellos profesores de primera y personas a las cuales admiro, me dieron la bienvenida al gremio y me llamaron licenciada...incluso otra de mis profesoras, minutos después, me llamó de esa manera.

Evidentemente se requiere de mucho más (y a la vez de mucho menos) para poder considerarse un Historiador, y aún hay que hacer sendero, para atreverse a proclamarse un Buen historiador.
A la distancia, poco a poco me haré a la idea de presumir al mundo mi nueva condición social.

4 comentarios:

Viejo Errante dijo...

¿Te lo enseñaron para que verificaras que los datos eran correctos? ¿Cuándo quedaron de dártelo?

Nisagié dijo...

Ay doña tragos!!! tan... historiadora tú!!

jejeje

Es bueno que no hayas dicho ningun chiste... supongo que le resta seriedad (dioses que mal chiste! ¬¬)

Yo quiero saber de eso de San Jenaro!! (me intriga mas el porque J que el milagro, pero tambien quiero saber)

SIIIIIIII!?!?!?

Küsse!!

P.D: Feliz Navida'

RAMPI dijo...

Felices fiestas para ti
Un besazo enorme
Rampi

Sidurti dijo...

Errante: pues si, me lo dieron sólo para verficar los datos y me lo darán en un lapso de 120 días hábiles....así que esperaré sentada.

Próximamente haré algún resumen o mini artículo sobre este curioso santo italiano.