sábado, septiembre 13, 2008

Dulces XV... segunda parte

La vez pasada me quedé en los Chambelanes y en los Bailes.Todo esto parte fundamental de la presentación en Sociedad de la jovencita en cuestión; por esta razón se debe hacer un espectáculo lleno de luces, glamour y toda parafernalia posible.
Hablando de estas exageraciones en el baile me encontré con este videito:



¡Auch! Pobre chava. La verdad que estuvo muy muy cerca de una verdadera tragedia...paradógicamente las capas de vestido fue lo que la protegió un poco. Eso sí, la pobre debió quedar con un traumazoote...si hasta yo me traumé con este video y tuve pesadillas.. y yo que pensé que lo peor que podía pasarle a la quinceañera era que la tiraran o que el vestido no le alcanzara a tapar el embarazo.
Es más, la caídas de las quinceañeras son tan célebres que cuando uno va a una fiesta de esas , todo el mundo espera que el momento en el que pase algo mal durante las coreografías: ya sea que se caiga la quinceañera o ver las caras de los pobres chambelanes...por cierto, hay algo como un Sindrome del Chambelán que hace que todos, o casi todos, bailen y cuenten los pasos con la lengua de fuera. Es algo más o menos como lo que sucede cuando vamos a ensartar una aguja: hay que sacar la lengua para tener mejor puntería.
Después de los meses y meses de preparativos, llega el esperado día. ¿Qué siente una quinceañera? En mi caso les puedo decir que no lo recuerdo. Ese día sólo me levanté, arreglé lo que me hacía falta como los zapatos (los cuales, por cierto, nunca arreglé, lo que casi me provoca varias visitas al piso); arreglar el vestido y una estola de peluchito barato y blanco que me compraron para cubrirme. La verdad combinaba mejor una de peluche negro, pero no la quise porque parecía que había matado a mi perro y me lo había colgado en los hombros.
Bueno, les decía que ese día desayuné un poco pesado, pues la fiesta y todo iba a ser en la tarde; me vestí con un overol y una camisa de franela, de esas que parecen de hombre... y así, vestida cual ranchero me tomé unas fotos finales, del último día de mi infancia.
Elegí ese atuendo por... pues por mera comodidad, pues requería vestirme para ir al peinado sin deshacerlo. Fueron cerca de hora y media en el salón de belleza para ponerme cuarenta pasadores y mucha mucha laca con rizos. Después, en casa, me tocó mi primer enfrentamiento mortal con el maquillaje pues en mi vida había usado maquillaje y la verdad no sabía ni para qué servían todos esos frascos y polvos. Lo bueno es que llegó mami al rescate, y ella terminó de maquillarme.
Después de comer otro poquito, llegó la hora de vestirme...y ponerme los malditos zapatos y otro de mis archienemigos: las pantimedias. Aunque en esa ocasión no batallé tanto (como el día de mi exámen profesional...pero eso es otroa historia).
Una vez arreglada, llegó la hora de salir, pues tenía cita para tomarme la foto antes de ir a la misa. Así que, a bordo del auto lleno de moños y listones morados, patrocinados por mi tía, quien por cierto se empeñó en ser madrina de foto, fuimos al estudio...lo más lindo fue que me mandaron al frente del auto y todo el mundo me iba viendo y saludando (¡!) especialmente los tipos del camión de la basura que iba frente a nosotros.
¿Qué tal me fue en las fotos? La palabra más adecuada sería: Horrible.
No soy fotogénica, y en ese entonces era sumamente tímida, por lo que mis fotos fueron muy, muy forzadas, especialmente porque no podía fingir estar recargada y feliz en una fuente de papel tapiz. Me decían que sonriera y yo esbozaba una mueca o cerraba los ojos. Por suerte mi sesión terminó pronto y, al final, no se ve nada forzado como las imágenes de fotoshop que ahora se usan mucho para esas ocasiones...al menos mi papel tapiz de fuentecita se ve más real que muchos fotomontajes de estos días.

Media hora después, estaba en el carro, con mis tías, esperando afuera de la iglesia esperando mi queridísima ceremonia. Para tal acto mis papás, padrinos y yo tuvimos que ir a unas pláticas de preparación en las que me hablaron de que ese día se me iba a aparecer una tal María y que iba a estar conmigo, y que luego Chuco iba a estar junto a mi en el altar, y que una luz mágica me cubriría al tomar comunión... y que los quince años son una edad retebonita porque María tenía esa edad cuando parió, pero que era malo tener bebés (puro mensaje confuso ¿a poco no?) y que mi regalo especial debía quedar en alguien especial pero después de casada...y que la pobre iglesia de Cristo Rey era pobrecita pobrecita... que tenían goteras y que los cirios se mojaban, y que pobrecita iglesia inundada (en ese momento recordé que no era temporada de lluvias). ¡Eso es predica de la buena!

La MiSa.
Después de espiar un rato a las personas que llegaban, y criticar a la quinceañera anterior, decidimos salir del carro y plantarme frente a la iglesia esperando que nos abrieran. Para esos momentos yo ya estaba temblando... de frío. Todos los que me saludaban tenían la genial idea de tomarme por la espalda y, saben algo: en noviembre, al atardecer hace frío y la gente tíene las manos frias... y Yo sólo llevaba un pedazo de peluche en las espalda.
Ser quinceañera no es fácil: Necesitas tener mucha voluntad para sonreir aunque una se esté muriendo de frío, de hambre, de pena, de nervios; tener que soportar un: "estás muy flaquita" de cada persona que saluda, incluyendo a gente que uno nunca ha visto. Es de tradición que a los quince años vayan los primos, tíos o conocidos de la familia a los cuales nunca has visto y, con algo de suerte, nunca más vuelvas a ver.
Si, gracias, bienvenido a MI fiesta, dame el regalo y vete.
Lo peor de ese día fue lo que vino a continuación: Una misa que debía ser dedicada a MI (si, al fin era mi fiesta) pero en la que el sacerdote habló habló y habló de cuánto dinero le hacía falta para tener la casa decente... y luego repitió eso de que los XV años es la edad en la que una chica pudo dar a luz a su hijo hippi pero que si yo lo hacía me iba a ir al infierno... y yo no podía irme de ahí ni chismorrear con alguien porque estaba solita y al frente de todos.
Cuando al fin se acabó esa tortura llegó el momento de la tradicional foto familiar... o la foto en el altar. En ese momento una sólo puede sonreir y quedarse quieta, al fin que todos los amigos, familiares y colados son los que se mueven. Si uno pone en serie esas fotos, puede hacerse una mini animación en la que sólo la chica permanece inmóvil mientras que todo lo demás cambia.






2 comentarios:

RAMPAEL. dijo...

Vaya, pues sí que tuvo que pasar las de Caín la chica del vídeo. Afortunadamente, todo quedó en un buen susto y sólo eso.
La verdad es que lo de las bodas se ha convertido en un negocio puro y duro. En realidad, como cualquier otra actividad que hagas en la vida. Desde que nacemos, hasta que nos morimos.
En las bodas, a veces, tenemos que invitar a personas que, por compromiso tenemos que hacerlo, porque en realidad, probablemente, no las vayamos a ver más en nuestra puñetera vida.
Me ha hecho mucha gracia lo de tu comentario "dame mi regalo y vete". porque muchas veces, son eso mismo, compromisos, para quedar bien, con la familia, principalmente.
Besos
Rampy.

Sidurti dijo...

Cierto, la verdad que me dió lástima la chica, pero en fin, fue un accidente.
En cuanto a las bodas,si, me ha tocado estar en la organización de algunas y es todo un problema por la cantidad de preparativos que se requieren. Me imagino que, al igual que en las fiestas de XV años, los "festejados" terminan rodeados de personas desconocidas.
También es un problema cuando uno es el que debe ir por compromiso sin conocer a nadie.