lunes, abril 07, 2008

Cuento

Èrase que se era... una historia muchas veces recordada. A veces, durante las noches, no puedo evitar recordarla. Maldita pasión por el pasado.

Pasamos meses en ese juego de miradas, de juegos de manos.
Ese día, un miércoles, la cosa cambió un poco: La clase cambiaba de sede, así que nos fuimos al otro salón.
Desde el momento en que él me abrazó por la cintura debí sospechar... pero estaba tan cómoda sintiéndome en sus brazos que no reparé en lo que pasaba alrededor. Bajamos las escaleras abrazados y seguimos así a lo largo del pasillo, bajamos de nuevo y llegamos a un pasillo menos transitado.
Ahí debimos esperar a la persona que debía abrirnos así que me recargué en la pared...sí, aún su mano rodeaba mi cintura a pesar de estar prensada por la pared; cuando vi que él también se recargó en la pared dejando escapar un suspiro, ahí me di cuenta que él no la pasaba mal.
La hora de la clase llegó en medio de problemas con el proyector y una vieja lap top.
Si, nos sentamos juntos, jugábamos con las manos, escribimos un par de notas mientras intentábamos poner atención a la chica que exponía.
Volvió a abrazarme por la cintura haciendo que me pusiera nerviosa por lo que le piqué la pierna con un lapicero -lero lero- . No es que no deseara estar entre sus brazos, al contrario, yo empecé con los abrazos, pero me daba miedo, estaba nerviosa y ansiosa. Me gustaba, y mucho, busca tanto sus pláticas tan amenas como su mirada.
Cuando salimos de clase ya era tarde. Pero no nos importó pues , como siempre, el tiempo juntos nos parecían instantes.
Caminamo, caminamos hasta que llegamos al espejo de agua. Pláticas y más abrazos...
Me acequé a él, le dije algo casi al oído y besé su mejilla...al menos esa era mi intención. Dos segundos después, estaba entre sus brazos en medio de un intento beso que ha durado años.

1 comentario:

El Nahual dijo...

Esta bueno tu cuento.