lunes, noviembre 26, 2007

Literatura vs historia

Hace mucho que no completo la literatura con la historia, es más, a veces me siento algo extraña cuando intento referencias literarias a ciertas nociones de la vida, para éstas es más sencillo referir algo de tv. o cine que de un libro.

Por algo me gusta perderme en esos laberintos de voces apagadas que algunos llaman bibliotecas. Lo confiezo: muchas tardes de soledad las he pasado perdida entre libros, casi todas ellas novelas, muchas más biografías.
Existe un sitio casi abandonado por los presupuestos y los tiempos llamado "Fondo México" de la bilioteca de México. Ahí es un fondo reservado dedicado sólo a México, en dónde me perdí entre las imágenes del siglo XIX mexicano al son de los dulces vals que seguramente mi amado Max llegó a baliar; ahí conocí las proclamas de la Constitución Cristera editada por primera ( y posiblemente única vez) por Lombardo Toledano; ahí me enamoré de la vida de Frida y Antonieta Rivas Mercado (si, aquella damisela amante de Vasconcelos y mecenas de su lucha por la independencia); en dónde conocí y me adentré junto a mi padre en la historia de Tacubaya, barrio enigmático y popularachero; en ese fondo comencé mis lecturas de libros sobre el Sinarquismo y los orígenes de algunos partidos políticos o unas lecturas sobre herbolaria y brujería que en algunas ocasiones me han sacado de dolores (benditos tées de angélica, manzanilla o anís); ahí encontré la autobiografía conclusa de Diego Rivera o me adentré en las leyendas coloniales como "El puente del Diablo" y la maravillosa y "tiernita" obra de Bustamante en su historia de México para señoritas.
Muchas historias inspiradoras para dejarme volar...sin embargo son las biografías las que más llenan mi (literal) alma.Tal vez sea que está cercano mi cumpleaños (porque va a ser mi cumpleaños) que me dan ciertos deseos de escribir un poco de mi biografía...pero son sólo deseos.
En un par de ocasiones he escrito autobiografías: una fue para un trabajo de la secundaria, así que no había mucho que escribir, para entonces sólo fue un texto pequeño digno de una biografía de papelería de a $2 que incluía los nombres de mis amigas y la obra de teatro que escribimos juntas.
La otra fue hace un par de años (okok, casi 3) escrita para un mozuelo [de nada] que me pidió que le hablara un poco de mi vida para conocernos un poco más. Lamentablemente de esa no tengo copia, fue escrita a mano y la copia al carbón pues no salió. Esa carta cabría en al menos una monografía (de a dos varitos más o menos) y ya podría llevar unas cuantas imágenes mías y, porque no, hasta un par de dibujitos de mi autoria.

Tal vez algún día alguien se encargue de recordar mi vida y utilice como fuentes mis diarios personales los cuales llevo desde hace diez años, claro, con sus lapsos de inactividad, como el tiempo en que caí en una depresión que afectó mi peso y hábitos alimenticios (¡ay qué elegancia para decir que fui anorexica...pero nomás a ratitos porque me daba hambre!) o las temporaditas en las que la escuela y el fútbol (porque también le hice al deporte de la patada) no me daban tiempo para escribir.
Como decía, en esos diarios hay muchas cositas mías y es lo que me ha permitido notar los cambios, desde cómo cambió mi letra hasta mi manera de pensar. En esos diario se han ido amores, del primer amor (woowow) hasta el más reciente (pues no creo que sea el último), cada novio, cada amigo, mis enojos y berrinches, las sorpresas en mi vida.. pero sólo son fracciones.

Tal vez esos diarios son parte de la cura a mi miedo al olvido y a la soledad, tal vez por eso elegí esta carrera que comienza apenas a tomar seriedad (claaaro) con deseos de convertirla en mi vida. Ni modo, pronto me casaré con la señorita Clío y algo más aportaré a este cúmulo de papeles y papeles perdidos en una biblioteca ya sea física o virtual.


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