martes, junio 12, 2012

Pay helado de limón




Pay helado de limón. 


Un paquete de galletas Marías. 
Un paquete de queso crema. 
Una lata te de leche condensada. 
Una lata de leche evaporada
Una taza de jugo de limón. 
Una cucharadita de vainilla


Instrucciones:

Se mezclan las leches, el queso, el jugo de limón y la vainilla para formar el relleno. Debe ser cremoso y homogéneo.
En un refractario se coloca una capa de galletas.
Ahora bien,  puede ser que se alternen capas de galletas y capas de la mezcla, o bien agregar una o dos capas de galletas y agregar encima toda la mezcla de relleno.
Se refrigera al menos durante una hora.

viernes, mayo 11, 2012

2012 parte II


Esto es tal vez lo más complicado que me ha pasado en mi vida.
Por alguna razón, ese día salí de casa pensando en mi abuelo, pensaba en mi asesora, incluso pensé en llamar a su casa, pero decidí salir y llamar por la tarde. Recibí un mensaje de mi novio. Subí al autobús Atenea y llegué al supermercado en el que suelo hacer mis compras. Pasé a comprar una carpeta para intentar poner orden a la montaña de fotocopias y unas cuantas etiquetas. Caminé para llegar a otro supermercado, buscar un kit de manicure, unas esponjas. Al final sólo compré un cuaderno, un barniz y un pequeño premio para el perro: un paquete de galletas. 
Caminé para llegar a la parada del microbús. Pasé la avenida, vi que un candidato a noséqué se anunciaba como el " siervo del pueblo", una clara alusión José Ma. Morelos, incluso en su fotografía de campaña aparecía con un pañuelo en la cabeza. Me llamó la atención que alguien se atreviera a compararse con un personaje tan emblemático de la Independencia. Caminé un poco más y fue cuando...


Esto es más complicado de lo que pensé. Le he dado tantas vueltas. He llorado tantas veces, por rabia, temor, impotencia y miedo, mucho miedo. 
No es fácil admitir que fui víctima de un secuestro exprés, pero tampoco es fácil dejarlo atrás.
Me aislaron en una calle cercana a ese súpermercado que tanto frecuento. También me aislaron de cualquier medio para pedir ayuda.  Estaba en territorios conocidos, pero estaba sola. Sí, pasan autos por ahí, pero para llegar a ellos debía buscar un espacio entre los autos estacionados y, además, ¿cómo saber que alguno de esos autos se detendría para ayudarme? ¿cómo saber si tenían o no armas?
Hasta hace unas semanas, yo podía asegurar que no tenían armas de fuego, pero ya no estoy tan segura, tampoco puedo asegurar que no llevaban navajas. Su insistencia en subirme a un taxi me hace pensar que había más personas involucradas y no sólo los dos sujetos que vi. 

El tiempo que estuve con ellos fue cerca de dos horas. Intentaron convencerme de subir al taxi, no lo permití; también me estuvieron preguntando por mi familia, por el trabajo, en medio de esa plática simulada estaban intentando obtener más información de mi, y ahora que lo pienso, no prestaron tanta atención; aún así el chantaje fue psicológico. " por su mamacita que le digo la verdad", "recuerde que podemos obtener más información con el número telefónico" , "piense en sus niños" . 

Fuimos al banco, me acompañaron hasta la ventanilla para retirar el dinero. Tuve la oportunidad de pedir ayuda por escrito a la cajera, pero no lo hice por miedo. Uno de los sujetos no se despegó mucho de mí. Estaba detrás de mi, no sé a qué distancia, no sé si escuchó alguno de mis datos, tampoco sé  si alcanzaba a ver el recibo de retiro. Tampoco había algún guardia o policía en esa sucursal. 
Pude hacer mil cosas para pedir ayuda y otras tantas pudieron pasarme. 

Pensar en todos los que hemos sido víctimas de un delito no me deja más tranquila. Prácticamente todos mis conocidos han sido asaltados, unos más han perdido familiares por resistirse a un asalto. Tampoco me siento afortunada.Salí ilesa, sí, no hubo malos tratos, ni malas palabras.  Pero esos tipos andan por ahí, seguirán haciéndolo. Tal vez coludidos con las autoridades, o con la capacidad de sobornar  policías en cualquier oportunidad. 

Me ha costado levantarme. El miedo, la humillación, la impotencia y paranoia que se desataron después de ese encuentro a veces me siguen lacerando. Desconfío de los extraños y algunas circunstancias me alteran un poco. Salir sola es un logro.

Por si fuera poco, unos días después, me enteré de la muerte de una profesora muy querida para mí.

Cuando alguien muere siempre piensas en la última vez que...

¿Cuándo fue la última vez que lo vi? ¿Cuándo fue la última vez que estuvimos juntos? ¿cuándo fue la última vez que le dije que lo  quería?


La muerte de mi abuelo me dolió. Pero era algo que ya esperábamos. En cambio, la partida de la profesora  terminó por fracturar mi espíritu.